No veas qué maravilla de ciudad tenemos los valencianos. Y qué pedazo de comunidad autónoma. Si es que estamos que lo tiramos, se nos sale la modernidad por los poros, oyes. Claro, como somos inmensamente ricos, y muy a pesar del gobierno central -el asqueroso de Zapatero, que es que nos odia, el muy maricón-, pues podemos hacer esas cosas que otros no pueden ni saben ni quieren.
Por ejemplo, nosotros, en Valencia y en todo el Levante Español, disfrutamos de un clima excepcional, que hace que tengamos un turismo de calidad, que viene a disfrutar de las inmensas posibilidades culturales que les ofrecemos.

Eso sin contar con que, a pesar de que Zapatero quiere que nos muramos de sed, nosotros sabemos racionar nuestras reservas de agua muchísimo mejor que cualquier otro territorio del mundo, y no sé si decir del universo. Por eso dedicamos tantos esfuerzos a implantar campos de golf, que son un verdadero prodigio de la gestión eficaz del agua.

Además, en las playas de Valencia tenemos WiFi gratuita. Porque es que tecnológicamente somos de lo más puntero, como no podía ser menos en un Levante que es la avanzadilla española en materia de educación de nuestros jóvenes. Lástima que la juventud no sepa valorar los esfuerzos que nuestro gobierno autónomo hace por fortalecer su carácter, mediante el utilísimo método de inmersión barracónica.

Ni que decir tiene que somos pioneros en todo. O sea en todo. Por ejemplo, tenemos un circuito estupendo a pocos kilómetros de la ciudad, pero como somos más chulos que un ocho, y nos sobra el dinero, pues nos hemos gastado unas decenas de millones de euros en montar otro circuito, esta vez dentro de Valencia -sí, sí, un circuito urbano, con dos cojones-, que nos pone en las primeras páginas de la prensa mundial, como lo que somos: los mejores. Además, si mediante la celebración de estas carreras podemos hacer un favorcillo económico al yerno de D. José María Aznar, D. Alejandro Agag, qué menos que, de esta forma, agradecer tantos y tantos favores como nos hizo en su momento tamaño prócer.

Por otro lado, como somos un pueblo eminentemente familiar, de vez en cuando organizamos grandes eventos religiosos, trayendo al Papa de Roma y a sus cientos de miles de kikos. Eso es porque nuestro President de la Generalitat es del Opus Dei, organización sin ánimo de lucro; y porque nuestras relaciones con los nunca bien ponderados obispos de la Conferencia Episcopal son magníficas. No olvidemos que nuestro obispo de Valencia, monseñor García Gasco, que El Señor nos lo cuide muchos años, es un miembro insigne de la misma. ¡Qué suerte tenemos de que hasta Dios esté de nuestro lado!

Aunque nunca se me acabarían los temas que glosar de esta nuestra tierra, no quisiera dejar pasar la ocasión de inundar de elogios a la clase política de nuestras tres provincias. Batalladores incansables de la valencianía como nuestros dos últimos Presidents de la Generalitat, D. Eduardo Zaplana y D. Francisco Camps. La tan campechana como rompedora alcaldesa de Valencia, Doña Rita Barberà. Gente tan abnegada y generosa con Alicante como D. Luis Fernando Cartagena. O verdaderos defensores de la Democracia frente a las hordas rojas castellonenses, como D. Carlos Fabra. Y tantos y tantos otros caballeros de la politica que honran a nuestra región con su devoción y su entrega sin límites.

¡Dios mío, qué emoción! Me dan ganas de cantar aquello de la tierra de las flores, de la luz y del amor. Amén.