Los girasoles ciegos: crudeza sin emoción
Domingo, 31 Agosto, 2008, 1.573 visitasAyer terminé mi periplo de cine veraniego yendo a ver, por fin, una para adultos. Elegí “Los girasoles ciegos”, dirigida por José Luis Cuerda e interpretada por Javier Cámara y Maribel Verdú.

La elección era fácil, ya que he disfrutado emocionándome en cada una de las películas de Cuerda. Cómo no recordar el humor absurdo y tierno de “Amanece que no es poco”, o el desgarro ante la injusticia y ante el triunfo del fascismo de la derecha española en “La lengua de las mariposas”. Seguramente por eso entré al cine con las emociones a flor de piel: sabía el tema que trataba la película, la vergüenza de la posguerra española, y creía que iba a encontrarme afectado por la historia que estaba a punto de ver. Pero no fue así, desgraciadamente.
La película plasma perfectamente esa época negra en que los falangistas y los curas camparon a sus anchas en España, cargándose todo lo que a ellos les sonaba a comunista, anarquista, masón… A rojo, vamos. Los protagonistas bordan sus papeles, desde el intelectual escondido en su propia casa hasta el sacerdote repugnante interpretado magistralmente por Raúl Arévalo. El guión, como no podía ser de otra manera, impecable. Cómo no, siendo su autor Rafael Azcona.
¿Qué falló entonces? Si la historia es buena y refleja la crudeza del sometimiento de un pueblo a un régimen de terror, si el guión es estupendo, si las interpretaciones son magníficas, ¿por qué no salí del cine con las sensaciones que tuve, en su momento, con otras películas de José Luis Cuerda? Creo que es cuestión de emociones. “Los girasoles ciegos” es una muy buena película, que, al menos en mi caso, no ha sido capaz de ponerme los pelos de punta. Por supuesto, es algo muy personal. Puede que sólo me pase a mí. Ojalá.
En cualquier caso, esta película debería de ser de visionado obligatorio en la educación española, para que las nuevas generaciones sepan la gentuza que ganó nuestra Guerra Civil, y cómo se comportaron en la posguerra. No se conformaron con ganar un conflicto que ellos iniciaron levantándose en armas contra el gobierno legalmente elegido por los españoles, sino que sumieron al país en un período de negrura en el que lo peor de España -curas, falangistas, franquistas todos- se dedicó a machacar a quienes, entre otras cosas, sólo querían un país más culto, más libre.
Que la pongan en los colegios, aunque sólo sea para que nuestros niños aprendan que no es lo mismo haber sido republicano que nacional. Si, además, alguien les explicara que quienes ahora, hoy en día, equiparan a unos y otros, son los herederos de aquellos fascistas hijos de puta, ya sería la leche. Para que no se vayan de rositas algunos de nuestros fachas perennes.

