Le acaban de conceder a Juan Marsé el Premio Cervantes. Uno, lector de Marsé de toda la vida, se siente feliz por que considera justo que le premien con el galardón más importante de las letras en español. Y uno también se siente orgulloso de que forme parte de su vida el narrador de la realidad gris el franquismo, el que pone luz donde sólo había sombras, el hombre normal con cara de boxeador que escribe con la sensibilidad a flor de piel de un poeta.

Marsé es el escritor de la memoria de los perdedores de la Guerra Civil, del retrato de lo que no se podía decir, pensar, sentir bajo la dictadura terrible de Franco. Y también es el paradigma de escritor sin complejos lingüísticos, como lo fuera Manuel Vázquez Montalbán o lo sigue siendo Eduardo Mendoza. Escritores catalanes que, sin ánimo de reivindicar nada (seguramente porque no hay nada que reivindicar: catalán y español llevan siglos conviviendo en Cataluña, como en el resto de su ámbito cultural), escriben en español principalmente. Juan Marsé nos ha dejado este pensamiento, sin ir más lejos:
“La lengua es una manera de entenderse, cuando la convierten en bandera para algo ya me meto la mano en el bolsillo porque sé que me robarán la cartera. Escribo en castellano porque mis lecturas, mi cine, mi todo lo aprendí en castellano y así formé mi discurso mental; si hubiera sido un país normal, por entorno familiar quizá escribiría en catalán”.
Tal vez no sea el momento de aprovechar para mandar a la mierda desde aquí a los jiménezlosantos y agregados que intentan confundir a quienes no viven en Cataluña, mintiendo sobre conflictos inexistentes. Creo que Juan estaría de acuerdo conmigo aunque, como digo, no es el momento. Ahora toca celebrar que Marsé se ha llevado el Cervantes. Enhorabuena, maestro.








Comentarios recientes