Con el lanzamiento del nuevo dispositivo de Apple, el iPad, me ha dado por imaginarme las reuniones en las que se habrá concebido el aparato en cuestión. Veo a Steve Jobs y a un montón de ingenieros superguays pensando en estas ideas-fuerza: la primera, queremos un dispositivo que compita con los ebooks (lectores de libros electrónicos); la segunda, no queremos caer en la tentación grosera y nada cool de hacer un netbook con Mac OS X; la tercera, tenemos una base magnífica en nuestros productos iPhone y iTouch, a partir de la que podemos desarrollar lo que nos dé la grandísima gana. Imagino entonces a Jobs levantándose de su silla de diseño estilizado para decir en voz alta y clara: “la virtud está en el justo medio; y sí, hoy me he levantado aristotélico”.

Dicho y hecho: iPad está en el medio de todo, lo que en el mundo de la tecnología suele equivaler a estar en el medio de nada. Me explico. Apple lanzó en su momento un cacharrito maravilloso, el iPod, que abría una puerta casi revolucionaria a los dispositivos multimedia: portátil, ligero, bonito, capaz no sólo de reproducir música sino también de mostrar vídeo, sincronizado con nuevos servicios online novedosos (iTunes, podcasts)… Es decir, los de Cupertino revolucionaron el mundo de los reproductores MP3 mediante una apuesta vanguardista, radical si cabe. Luego nos sorprendieron añadiendo a un iPod la función de teléfono móvil, y se sacaron el iPhone de la manga. Además, aprovecharon la ola ascendente para dar ese mismo marchamo de vanguardia a su línea de equipos domésticos, de ordenadores personales y profesionales, con otra revolución: meter un procesador Intel a sus máquinas: MacBook, MacBook pro, MacBook Air… O sea que se lanzaron y acertaron. Se dejaron de Aristóteles.
Pero llegado el momento de buscar algo nuevo para hacer frente a los netbooks, a los tablets, a los ebooks, Apple se ha frenado, dejando incluso a sus fieles con una sensación de tener entre manos -es un decir- un quiero y no puedo, un dispositivo que hace pensar en lo que pudo haber sido y no fue. Porque sabemos lo que es: un iTouch grande, sin multitarea, con poca memoria, con una batería demasiado limitada, con un sistema operativo mínimo, sin soporte para Flash, más caro de lo que debiera… Y sabemos lo que pudo haber sido: un MacBook sin teclado, ultrafino, de tamaño netbook, con Mac OS X, habilitado y mejorado para la lectura de libros electrónicos, todo lo cual habría justificado un precio seguramente excesivo, pero acorde con los productos de la manzana mordida.
Para no dejarnos nada en el tintero, debemos echar un vistazo al otro lado. Microsoft desarrolla junto con HP un nuevo tipo de ordenador que han llamado Slate. ¿Adivináis? Windows 7 en un dispositivo absolutamente táctil (multi-touch, faltaba más), sin teclado, con pantalla de pocas, pero suficientes, pulgadas, preparado para leer ebooks, multitarea, ultraligero… O sea un mini-PC no limitado en sus prestaciones, sino nacido para ampliar la experiencia lectora y tecnológica de sus potenciales usuarios. Parece que en Redmond sí se han puesto las pilas últimamente.
Me temo que Jobs y los suyos han cometido su primer error en años, al no lanzarse de cabeza a innovar, cosa que se les da muy bien según hemos visto. Y todo ello sin contar con que, como ya decíamos por aquí, hay productos que nacen con estrella -y en los últimos tiempos, Apple sabe mucho de eso-, y otros, como este iPad, estrellados. Será que Jobs ha alumbrado el Vista de Apple. Lagarto, lagarto, se oye gritar en California.


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