Acabo de releer mi publicación de fecha 1 de octubre de 2009, titulada “Ferrari y Alonso: ¿la fórmula mágica?”, y me resulta difícil añadir algo más a lo dicho entonces. Lo que era una esperanza con reservas quedó ayer ratificado como una realidad magnífica: Fernando Alonso ganó el primer Gran Premio de la temporada metido en un Ferrari, seguido del otro cavallino, conducido por Massa. A ver si no sólo tenemos los mejores monoplazas y al mejor piloto, sino que hasta el brasileño se convierte en un piloto fiable al lado del asturiano… En fin, un gustazo.



Comentarios recientes