Estos últimos días algo me ha pasado, y no puedo no contarlo. Seré breve, no os preocupéis.

Lo primero es que me he sentido bastante decepcionado (ya llevo tiempo incubando esto) con Fernando Alonso. Vale que los gerifaltes de la F1 no son trigo limpio, y que han tomado decisiones que seguramente han perjudicado al asturiano. Vale que algunas de esas decisiones parecen haber beneficiado a otros pilotos (en corto: a Hamilton). Pero la cosa empieza a pasar de castaño oscuro, porque, y cada vez más, sólo veo una actitud victimista en Alonso, lo que me preocupa fundamentalmente porque el muchacho corre encima de uno de mis bólidos (del que corre en el otro Ferrari ni hablo, que ya lo conocemos todos). Estamos de acuerdo: Fernando es español, de la tierra de mis padres, y pilota uno de mis amados caballitos, pero cada vez soporto menos la excusa constante que hace que todo el mundo tenga la culpa de lo que le pasa al hombre. Todo el mundo menos él. A lo mejor he -hemos- sobrevalorado a “nuestro” piloto. Me lo estoy pensando, y acepto opiniones ;-)

alonsoferrari

Lo otro que me ha pasado es que, a raíz de mi anterior entrada en este blog, recibí numerosos comentarios por muchos medios, de gente a la que conozco y de desconocidos, en los que ponían en solfa mis críticas al eventual -y finalmente real- triunfo de la selección española de fútbol en el Mundial de Sudáfrica. Comentarios que me hicieron reflexionar si no sería yo quien se equivocaba, quien veía las cosas desde un cristal demasiado oscuro, demasiado viciado, demasiado pesimista. Mi punto de resentimiento histórico hacia conceptos como España, hacia símbolos como la bandera o el himno, me hacía ver una evolución deportiva como si fuera un atentado a mi forma de sentir mi propio país. Una amiga de Facebook me ha dicho que rectificar es de sabios, pero nada más lejos de mi voluntad que llegar a la sabiduría. Me conformo con soltar algo de lastre, con dejar que entre la brisa, con permitirme un punto de desinhibición suficiente como para alegrarme sinceramente de la victoria de la selección, y como para llamarla, por primera vez en mi vida, mi selección. A lo mejor resulta que este rojo se ha enamorado de una roja que juega muy bien al fútbol.

La alegría
 
Mundial 2010: ganar y perder con España

Ángel María Villar -el impresentable dirigente futbolero incapaz de pronunciar “fútbol” con un mínimo de corrección-; Telecinco -esa gran televisión que eleva continuamente el nivel cultural de los españoles-; Cuatro -la que fuera cadena “de [Sigue leyendo]

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