La decepción y el aire fresco
Escrito por Pani. 2.279 visitasEstos últimos días algo me ha pasado, y no puedo no contarlo. Seré breve, no os preocupéis.
Lo primero es que me he sentido bastante decepcionado (ya llevo tiempo incubando esto) con Fernando Alonso. Vale que los gerifaltes de la F1 no son trigo limpio, y que han tomado decisiones que seguramente han perjudicado al asturiano. Vale que algunas de esas decisiones parecen haber beneficiado a otros pilotos (en corto: a Hamilton). Pero la cosa empieza a pasar de castaño oscuro, porque, y cada vez más, sólo veo una actitud victimista en Alonso, lo que me preocupa fundamentalmente porque el muchacho corre encima de uno de mis bólidos (del que corre en el otro Ferrari ni hablo, que ya lo conocemos todos). Estamos de acuerdo: Fernando es español, de la tierra de mis padres, y pilota uno de mis amados caballitos, pero cada vez soporto menos la excusa constante que hace que todo el mundo tenga la culpa de lo que le pasa al hombre. Todo el mundo menos él. A lo mejor he -hemos- sobrevalorado a “nuestro” piloto. Me lo estoy pensando, y acepto opiniones

Lo otro que me ha pasado es que, a raíz de mi anterior entrada en este blog, recibí numerosos comentarios por muchos medios, de gente a la que conozco y de desconocidos, en los que ponían en solfa mis críticas al eventual -y finalmente real- triunfo de la selección española de fútbol en el Mundial de Sudáfrica. Comentarios que me hicieron reflexionar si no sería yo quien se equivocaba, quien veía las cosas desde un cristal demasiado oscuro, demasiado viciado, demasiado pesimista. Mi punto de resentimiento histórico hacia conceptos como España, hacia símbolos como la bandera o el himno, me hacía ver una evolución deportiva como si fuera un atentado a mi forma de sentir mi propio país. Una amiga de Facebook me ha dicho que rectificar es de sabios, pero nada más lejos de mi voluntad que llegar a la sabiduría. Me conformo con soltar algo de lastre, con dejar que entre la brisa, con permitirme un punto de desinhibición suficiente como para alegrarme sinceramente de la victoria de la selección, y como para llamarla, por primera vez en mi vida, mi selección. A lo mejor resulta que este rojo se ha enamorado de una roja que juega muy bien al fútbol.


Respecto al primero: ayer mantuvimos Mariluz y yo una conversación (ella es muy “alonsista”, yo menos).
A mí el Alonso que me gustaba era el de Renault.
Era un gran piloto en Renault, con dicha escudería fue capaz de ser campeón de la F1… no necesitaba ni Ferraris ni -mucho menos- McLarens.
Sus arcas se habrán llenado pero la cagó, vaya si la cagó.
Es como esos “grandes” jugadores de fútbol que “suspiran” por jugar en cualquiera de los 2 “mejores” equipos del mundo y cuando al final lo consiguen… dejan de ser “tan grandes”.
La avaricia rompe el saco… ya se sabe.