Ángel María Villar -el impresentable dirigente futbolero incapaz de pronunciar “fútbol” con un mínimo de corrección-; Telecinco -esa gran televisión que eleva continuamente el nivel cultural de los españoles-; Cuatro -la que fuera cadena “de la izquierda”, ahora comprada por Telecinco, y heredera de los más bajos instintos de su nueva dueña-; los políticos psocialistas y peperos, que se apuntarán al carro victorioso; el facherío de toda la vida -encantado de oír la tonadilla casposa y repugnante del “yo soy español, español, español”-; los fabricantes chinos de sombreros, camisetas y banderitas españolas rojigualdas; los 11 (o veintitantos) millonarios en calzón que van a ingresar todavía más por contratos publicitarios; las agencias de publicidad que nos van a machacar durante años con el triunfo de “la roja”; Coca-Cola, Adidas, Banesto; Marca, As, La Sexta, y demás “periodistas” (con todas las comillas) deportivos con las venas hinchadas de tanto gritar su objetividad a los cuatro vientos.
Todos esos son los que saldrían ganando si la selección española de fútbol se llevara el Mundial, y seguro que me quedo corto. Ellos se encargarían de restregarle al mundo lo maravillosos que somos, lo alto que hemos llegado, lo bonito que es un sueño cumplido, lo mucho que necesitábamos esta gesta. Nos esperarían años de “que viva España”. Así en Benidorm como en la Castellana.

¿Y quién sale perdiendo si España gana el Mundial? Los de siempre: los que, como yo, están hasta las pelotas de tanto patriotismo impostado, de tanto “podemos”, de tanta superioridad chulesca, de tanta mierda nacionalista española trufada de barcelonismo indisimulado (que manda huevos), de tanta publicidad por inundación. Aunque, por otro lado, podría ser que me equivoque, y que yo aún me sienta rodeado por una España de pandereta (o de vuvuzela) que ya no existe. Puede que seamos muy europeos y muy cosmopolitas, y yo no me dé cuenta. Puede que las victorias de España no sean más que triunfos futbolísticos a los que no hay que darles más vueltas. Sí, será eso. Así que fuera paranoias y adelante con los faroles. ¡A por ellos! Oé










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