El respeto no ganado
Jueves, 11 Marzo, 2010, 3.238 visitasHace años estaba yo viendo en la tele cómo el Real Madrid perdía su segunda Liga consecutiva frente al Tenerife en la última jornada. Recuerdo que estaba en casa, decepcionado frente al televisor, en silencio, triste, solo a pesar de tener gente alrededor. No tardó en sonar el timbre de casa y aparecieron dos personas de mi familia, seguidores del Barcelona ambos, luciendo sus mejores galas culés, exhibiendo una alegría merecida por el título recién conseguido por su equipo gracias a la derrota del mío. Traían una botella de cava. Aunque yo no daba crédito a lo que estaba pasando, supongo que porque estaba grogui después del varapalo tinerfeño, me acuerdo de verles tan contentos, con tanta gana de fiesta, que no pude rechazar tomarme con ellos una copa mientras les felicitaba por el triunfo.

Esta noche he visto caer eliminado en octavos de final de la Liga de Campeones al Real Madrid, por sexto año consecutivo. Por razones que no vienen al caso, me encontraba en una casa de un valencianista, viejo y querido familiar mío, e iba yo acompañado de otro familiar, también forofo del Valencia, aunque mucho más joven. Estaba en esa casa, digo, mientras cenábamos y veíamos, de fondo, al Real Madrid jugar el partido. El Madrid ganaba por un gol, y necesitaba otro para pasar la eliminatoria. Los deseos de mis familiares valencianistas no dejaban lugar a la duda: el Olímpico de Lyon era, esta noche, su equipo, y así lo dejaban patente a la menor ocasión. Supongo que algo que ver tendría que yo, madridista confeso, estuviera allí. No sé. Lo cierto es que los de Lyon marcaron un gol -que a la postre eliminó al Madrid-, lo que provocó un frenesí antimadridista intensísimo, sobre todo en el más joven.
Yo sé que el respeto por los demás, por sus formas de pensar, de entender la vida, de encarar los problemas, de compartir las alegrías, es básico para que la convivencia sea algo más que una palabra muerta. Hoy no sólo me apena que el Real Madrid haya quedado fuera de la Champions League. Me apena aún más que, a pesar de que hay quien no se gana el respeto con sus acciones o con sus omisiones, siga gozando de mi respeto. Me entristece pensar que a mi edad no soy capaz de comportarme como un energúmeno maleducado. Me duele saber que cuando ellos queden eliminados -todos quedamos eliminados de algo tarde o temprano- yo seré igual de incapaz que siempre de ir a sus casas a celebrarlo con cava, o de alegrarme con los goles de sus rivales. A veces, de verdad, odio respetar a quienes no se lo merecen. Pero me niego a aprender de ellos: así me moriré, sin darme el gusto de mandarlos a tomar por el culo.




